
CLASE 1 UNIDAD I La Antropología Cultural como especialidad científica
La constitución histórica de la disciplina, sus tradiciones metodológicas, especialidades, problemáticas y enfoques
Esta primer clase pretende presentar aspectos generales que permiten ubicar la Antropología Cultural como una especialidad, dentro del amplio espectro de estudios y abordajes de la Antropología como disciplina general.
Para ello es fundamental situar a la Antropología como disciplina, dando cuenta de sus antecedentes históricos y del desarrollo de sus modos de pensar.
La caracterización que realiza Mirtha Lischetti (1) inicia su recorrido a partir de la definición que según esta autora encuentra amplia aceptación en la comunidad de Antropólogos contemporáneos.
El clásico antropólogo estructuralista Lévi-Strauss plantea en Antropología Estructural: “La antropología apunta a un conocimiento global del hombre y abarca el objeto en toda su extensión geográfica e histórica; aspira a un conocimiento aplicable al conjunto de la evolución del hombre desde los homínidos hasta las razas modernas y tiende a conclusiones positivas o negativas, pero válidas para todas las sociedades humanas, desde la gran ciudad moderna hasta la mas pequeña tribu melanesia”.
Desde su concepción la Antropología constituye una disciplina que estudia al hombre abarcando todo su espectro histórico y geográfico, y mediante sus reflexiones tiende a establecer conclusiones generalizadoras cuyo alcance sea aplicable y válido para todas las sociedades humanas. Quizás este último punto sea cuestionable pero debe ser tomado en su contexto histórico de enunciación. Las disciplinas sociales se propusieron en sus orígenes, y siguiendo el modelo de las ciencias duras, físicas o naturales que eran las que gozaban de mayor legitimidad, explicar los procesos sociales a partir de la reducción de la diversidad de procesos culturales a un numero limitado de leyes generales explicativas. La experiencia en el seno de la Antropología y de otras disciplinas afines ha mostrado la dificultad de reducir lo diverso bajo leyes o principios que se apliquen mecánicamente. Quizás es posible enunciar principios explicativos aplicables a ciertos grupos culturales y procesos sociales pero la diversidad de expresiones y formas de la cultura imposibilita el tener una respuesta para todos los cuestionamientos que ella nos presenta. Esto es bien resumido en la advertencia presentada por Lischetti acerca de los condicionantes sociohistóricos que regulan el tipo y la forma de producción del conocimiento científico.
La pequeña comunidad nativa se convirtió en el inicial objeto de estudio a partir del cual construir las primeras explicaciones y análisis. Poder explicar las diferencias y semejanzas entre los grupos humanos como así también trazar las continuidades y discontinuidades entre unos y otros fue objeto del análisis antropológico.
La Antropología se configurará como la disciplina que estudia a ese “otro cultural”. Lugar que será ocupado por las sociedades tribales, nativas. Luego se agregaron las nuevas sociedades complejas tras el proceso de descolonización, los países subdesarrollados o en vías de desarrollo y mas contemporáneamente los grupos marginales que conviven en la urbanidad y en el marco del capitalismo posmoderno.
Lo interesante aquí para pensar es el modo en que se construyeron estas otredades que se situaron como objeto de estudio de la antropología. Otredades que en cierta medida son la antítesis de ese otro sector socio-cultural hegemónico y dominante que fomentó el desarrollo de la Antropología como disciplina científica.
¿Acaso habrá sido este un modo políticamente correcto de justificar la intervención, colonización, dominio y promoción del cambio cultural de aquellos “no desarrollados” hacia modos culturales mas evolucionados?
Volviendo a la inicial definición de la Antropología veremos que su extensión demanda una necesaria parcelación de los estudios. Lischetti propone una subdivisión de la Antropología en especialidades tales como la Antropología Biológica o Física, la Lingüística Antropológica, la Arqueología y, finalmente la Antropología Cultural, Antropología Social y Etnología las cuales se orientan hacia el estudio de los mismos fenómenos pero bajo el prisma de universos conceptuales diferentes.
El interesante análisis de Lischetti termina desmitificando la separación arbitraria que aun hoy se mantiene, entre lo que se considera etnografía y etnología. Partiendo de la suposición que la realidad no es una sola sino que es fruto de la construcción social, y considerando que uno observa la realidad no solo a través de sus ojos sino de las estructuras mentales y conceptuales que configuran nuestro modo de ver y de pensar, es que realidad y teoría no van separadas sino forman parte de un campo difícil de disociar. La práctica misma de la observación parte de conocimientos previos que condicionan el como vemos y es allí donde una separación entre etnografía y etnología como dos momentos separados se torna arcaica.
El detalle que posteriormente Lischetti realiza sobre las situaciones históricas que acompañaron y condicionaron las etapas del pensamiento antropológico, o etnológico en términos de la autora, nos permite comprender como la ciencia es hija de su propio tiempo. Nos da indicios de porque la Antropología fue una disciplina cuestionada por su vinculación a los intereses del imperialismo. Allí es donde se visualizan perversas relaciones entre la esfera del poder político y la ciencia que, a través de su poder simbólico, puede convertirse en un arma capaz de legitimar lo cuestionable.
El evolucionismo y el funcionalismo serán dos líneas o escuelas del pensamiento que acompañaran a la expansión colonial de los siglos XIX y XX. Desde una visión progresista pretenderán explicar las diferencias humanas en términos evolutivos y esto servirá de justificación para intervenir a los pueblos menos evolucionados e inculcarles pautas culturales que les permitan evolucionar hacia niveles mas avanzados y así despojarse de los instintos animales que los apresan. A esto se refiere la autora con el término “asimilación”.
El funcionalismo impone al antropólogo una serie de normas que estructuran el modo de hacer “trabajo de campo” y así poder reconstruir una imagen fiel de la sociedad que se pretende estudiar. A su vez se rompe con los esquemas interpretativos sobre la base de la comparación y se hace hincapié en la observación, la convivencia y la penetración en la interioridad de la cultura que opera como objeto de estudio.
Los dignos intereses científicos también fueron viciados por los intereses coloniales. Y si antes, desde el esquema comparativo-evolutivo, la asimilación se justificaba por el hecho de “ayudar a los otros inferiores a conocer los beneficios de ser civilizado” ahora el interés en profundidad de las otras culturas permitirán diseñar mecanismos mas sutiles de dominación y colonización.
Por eso mismo, y para cerrar con las mismas palabras con las que Lischetti inició este breve recorrido, la ciencia no es una disciplina autónoma sino que situaciones históricas condicionan, fomentan y hacen uso de sus saberes.
“Si la sociedad está en la Antropología,
la Antropología está a su vez en la sociedad”
La Antropología Cultural como especialidad, sus alcances y vinculaciones disciplinarias
Maestre Alfonso tampoco puede evitar hacer alusión a la heterogeneidad de estudios que engloba la Antropología y quizás por ello la concibe como un receptáculo dentro del cual se encuentran aspectos particulares que la conectan a su vez con otras disciplinas científicas.
Mas allá de las diferencias sensibles entre la Antropología de corte Social, Cultural o Etnológico cuyos cambios se evidencian si uno se ubica de uno u otro lado del océano, lo interesante es visualizar las demás especialidades del espectro antropológico.
La propuesta clasificatoria de Herskovits carece, a su criterio, de una clara diferenciación por lo que apelará a Angel Palerm para poder dar cuenta de la división de disciplinas o especialidades de la Antropología.
Dos grandes grupos, el de la Antropología Física y el de la Antropología Socio-cultural, capitalizan los estudios en antropología. A su vez tales campos se subdividen teniendo en cuenta aspectos mas concretos.
Entender esta división nos permite comprender la magnitud de las aspiraciones iniciales que presentó la Antropología al plantearse como la ciencia de estudio del hombre en toda su extensión socio-cultural, histórica y geográfica.
La Antropología Cultural dará cuenta de los procesos de conformación, trascendencia y cambio cultural del hombre a lo largo de la historia. Pretenderá no solo describirlos como lo hace el relato histórico sino enunciar el porque de tales cambios y así proyectar los cambios que podrían darse a futuro como fruto de las condiciones actuales.
El autor profundiza las diferencias entre la Antropología Social y la Antropología Cultural, recayendo las tintas sobre la visión funcionalista y culturalista que recae sobre cada una de ellas y que condiciona el análisis que hacen del mismo tipo de hechos.
Resuelve bajo el modo que Lischetti (1) llama arcaico, la diferenciación entre Etnología y Etnografía denotando la vigencia que la autora alertaba acerca del uso de esta diferenciación. Quizás desde un punto de vista práctico es funcional pero no resiste el análisis en profundidad que se puede hacer de la misma.
El texto es de una lectura rápida y por estar diseñado, al igual que el de Lischetti, para acompañar el proceso de formación de grado de futuros antropólogos repara en detalles y cuestiones interesantes sin perder por ello la mirada crítica, la precisión técnica y el criterio didáctico.
La constitución histórica de la disciplina, sus tradiciones metodológicas, especialidades, problemáticas y enfoques
Esta primer clase pretende presentar aspectos generales que permiten ubicar la Antropología Cultural como una especialidad, dentro del amplio espectro de estudios y abordajes de la Antropología como disciplina general.
Para ello es fundamental situar a la Antropología como disciplina, dando cuenta de sus antecedentes históricos y del desarrollo de sus modos de pensar.
La caracterización que realiza Mirtha Lischetti (1) inicia su recorrido a partir de la definición que según esta autora encuentra amplia aceptación en la comunidad de Antropólogos contemporáneos.
El clásico antropólogo estructuralista Lévi-Strauss plantea en Antropología Estructural: “La antropología apunta a un conocimiento global del hombre y abarca el objeto en toda su extensión geográfica e histórica; aspira a un conocimiento aplicable al conjunto de la evolución del hombre desde los homínidos hasta las razas modernas y tiende a conclusiones positivas o negativas, pero válidas para todas las sociedades humanas, desde la gran ciudad moderna hasta la mas pequeña tribu melanesia”.
Desde su concepción la Antropología constituye una disciplina que estudia al hombre abarcando todo su espectro histórico y geográfico, y mediante sus reflexiones tiende a establecer conclusiones generalizadoras cuyo alcance sea aplicable y válido para todas las sociedades humanas. Quizás este último punto sea cuestionable pero debe ser tomado en su contexto histórico de enunciación. Las disciplinas sociales se propusieron en sus orígenes, y siguiendo el modelo de las ciencias duras, físicas o naturales que eran las que gozaban de mayor legitimidad, explicar los procesos sociales a partir de la reducción de la diversidad de procesos culturales a un numero limitado de leyes generales explicativas. La experiencia en el seno de la Antropología y de otras disciplinas afines ha mostrado la dificultad de reducir lo diverso bajo leyes o principios que se apliquen mecánicamente. Quizás es posible enunciar principios explicativos aplicables a ciertos grupos culturales y procesos sociales pero la diversidad de expresiones y formas de la cultura imposibilita el tener una respuesta para todos los cuestionamientos que ella nos presenta. Esto es bien resumido en la advertencia presentada por Lischetti acerca de los condicionantes sociohistóricos que regulan el tipo y la forma de producción del conocimiento científico.
La pequeña comunidad nativa se convirtió en el inicial objeto de estudio a partir del cual construir las primeras explicaciones y análisis. Poder explicar las diferencias y semejanzas entre los grupos humanos como así también trazar las continuidades y discontinuidades entre unos y otros fue objeto del análisis antropológico.
La Antropología se configurará como la disciplina que estudia a ese “otro cultural”. Lugar que será ocupado por las sociedades tribales, nativas. Luego se agregaron las nuevas sociedades complejas tras el proceso de descolonización, los países subdesarrollados o en vías de desarrollo y mas contemporáneamente los grupos marginales que conviven en la urbanidad y en el marco del capitalismo posmoderno.
Lo interesante aquí para pensar es el modo en que se construyeron estas otredades que se situaron como objeto de estudio de la antropología. Otredades que en cierta medida son la antítesis de ese otro sector socio-cultural hegemónico y dominante que fomentó el desarrollo de la Antropología como disciplina científica.
¿Acaso habrá sido este un modo políticamente correcto de justificar la intervención, colonización, dominio y promoción del cambio cultural de aquellos “no desarrollados” hacia modos culturales mas evolucionados?
Volviendo a la inicial definición de la Antropología veremos que su extensión demanda una necesaria parcelación de los estudios. Lischetti propone una subdivisión de la Antropología en especialidades tales como la Antropología Biológica o Física, la Lingüística Antropológica, la Arqueología y, finalmente la Antropología Cultural, Antropología Social y Etnología las cuales se orientan hacia el estudio de los mismos fenómenos pero bajo el prisma de universos conceptuales diferentes.
El interesante análisis de Lischetti termina desmitificando la separación arbitraria que aun hoy se mantiene, entre lo que se considera etnografía y etnología. Partiendo de la suposición que la realidad no es una sola sino que es fruto de la construcción social, y considerando que uno observa la realidad no solo a través de sus ojos sino de las estructuras mentales y conceptuales que configuran nuestro modo de ver y de pensar, es que realidad y teoría no van separadas sino forman parte de un campo difícil de disociar. La práctica misma de la observación parte de conocimientos previos que condicionan el como vemos y es allí donde una separación entre etnografía y etnología como dos momentos separados se torna arcaica.
El detalle que posteriormente Lischetti realiza sobre las situaciones históricas que acompañaron y condicionaron las etapas del pensamiento antropológico, o etnológico en términos de la autora, nos permite comprender como la ciencia es hija de su propio tiempo. Nos da indicios de porque la Antropología fue una disciplina cuestionada por su vinculación a los intereses del imperialismo. Allí es donde se visualizan perversas relaciones entre la esfera del poder político y la ciencia que, a través de su poder simbólico, puede convertirse en un arma capaz de legitimar lo cuestionable.
El evolucionismo y el funcionalismo serán dos líneas o escuelas del pensamiento que acompañaran a la expansión colonial de los siglos XIX y XX. Desde una visión progresista pretenderán explicar las diferencias humanas en términos evolutivos y esto servirá de justificación para intervenir a los pueblos menos evolucionados e inculcarles pautas culturales que les permitan evolucionar hacia niveles mas avanzados y así despojarse de los instintos animales que los apresan. A esto se refiere la autora con el término “asimilación”.
El funcionalismo impone al antropólogo una serie de normas que estructuran el modo de hacer “trabajo de campo” y así poder reconstruir una imagen fiel de la sociedad que se pretende estudiar. A su vez se rompe con los esquemas interpretativos sobre la base de la comparación y se hace hincapié en la observación, la convivencia y la penetración en la interioridad de la cultura que opera como objeto de estudio.
Los dignos intereses científicos también fueron viciados por los intereses coloniales. Y si antes, desde el esquema comparativo-evolutivo, la asimilación se justificaba por el hecho de “ayudar a los otros inferiores a conocer los beneficios de ser civilizado” ahora el interés en profundidad de las otras culturas permitirán diseñar mecanismos mas sutiles de dominación y colonización.
Por eso mismo, y para cerrar con las mismas palabras con las que Lischetti inició este breve recorrido, la ciencia no es una disciplina autónoma sino que situaciones históricas condicionan, fomentan y hacen uso de sus saberes.
“Si la sociedad está en la Antropología,
la Antropología está a su vez en la sociedad”
La Antropología Cultural como especialidad, sus alcances y vinculaciones disciplinarias
Maestre Alfonso tampoco puede evitar hacer alusión a la heterogeneidad de estudios que engloba la Antropología y quizás por ello la concibe como un receptáculo dentro del cual se encuentran aspectos particulares que la conectan a su vez con otras disciplinas científicas.
Mas allá de las diferencias sensibles entre la Antropología de corte Social, Cultural o Etnológico cuyos cambios se evidencian si uno se ubica de uno u otro lado del océano, lo interesante es visualizar las demás especialidades del espectro antropológico.
La propuesta clasificatoria de Herskovits carece, a su criterio, de una clara diferenciación por lo que apelará a Angel Palerm para poder dar cuenta de la división de disciplinas o especialidades de la Antropología.
Dos grandes grupos, el de la Antropología Física y el de la Antropología Socio-cultural, capitalizan los estudios en antropología. A su vez tales campos se subdividen teniendo en cuenta aspectos mas concretos.
Entender esta división nos permite comprender la magnitud de las aspiraciones iniciales que presentó la Antropología al plantearse como la ciencia de estudio del hombre en toda su extensión socio-cultural, histórica y geográfica.
La Antropología Cultural dará cuenta de los procesos de conformación, trascendencia y cambio cultural del hombre a lo largo de la historia. Pretenderá no solo describirlos como lo hace el relato histórico sino enunciar el porque de tales cambios y así proyectar los cambios que podrían darse a futuro como fruto de las condiciones actuales.
El autor profundiza las diferencias entre la Antropología Social y la Antropología Cultural, recayendo las tintas sobre la visión funcionalista y culturalista que recae sobre cada una de ellas y que condiciona el análisis que hacen del mismo tipo de hechos.
Resuelve bajo el modo que Lischetti (1) llama arcaico, la diferenciación entre Etnología y Etnografía denotando la vigencia que la autora alertaba acerca del uso de esta diferenciación. Quizás desde un punto de vista práctico es funcional pero no resiste el análisis en profundidad que se puede hacer de la misma.
El texto es de una lectura rápida y por estar diseñado, al igual que el de Lischetti, para acompañar el proceso de formación de grado de futuros antropólogos repara en detalles y cuestiones interesantes sin perder por ello la mirada crítica, la precisión técnica y el criterio didáctico.
BIBLIOGRAFÍA
(1) LISCHETTI, Mirtha: La Antropología como disciplina científica: 1. Caracterización de la antropología como ciencia; 2. Situación histórica y conocimiento en Antropología en Antropología. Buenos Aires, Eudeba, 1997. Págs. 11-30
(2) MAESTRE ALFONSO, Juan: Capítulo 1: Delimitación de conceptos en Introducción a la Antropología Social. Madrid, Akal, 1983. Págs. 15-40.